Los meniscos son almohadillas de cartílago en la rodilla que ayudan a distribuir la carga y estabilizar la articulación. Las lesiones de menisco pueden ocurrir por giros bruscos, impactos o por cambios degenerativos. Esta guía repasa qué síntomas buscar, cómo suele plantearse el diagnóstico, a qué especialista dirigirse y medidas generales de prevención.
Qué son los meniscos y cómo se lesionan
Los meniscos son estructuras en forma de media luna dentro de la rodilla (menisco medial y lateral). Se pueden lesionar por movimientos de torsión con la pierna apoyada, por un golpe directo o por desgaste con la edad. Entender el mecanismo del daño ayuda a orientar la evaluación clínica y las decisiones sobre el seguimiento.
Síntomas habituales y señales de alarma
Los síntomas más frecuentes son dolor localizado al apoyar o doblar la rodilla, hinchazón, sensación de bloqueo o de que la articulación no alcanza toda la amplitud de movimiento. Señales que requieren evaluación rápida incluyen dolor muy intenso, incapacidad para apoyar la pierna, deformidad evidente o hinchazón que aumenta rápidamente; en esos casos, consulte cuanto antes con un servicio de urgencias o con un especialista.
Cómo se realiza el diagnóstico
La primera valoración se basa en la historia clínica y la exploración física; el médico puede realizar maniobras específicas que orientan hacia una lesión de menisco. Las radiografías descartan fracturas y cambios óseos, mientras que la resonancia magnética es la técnica más usada para evaluar el cartílago y confirmar una posible rotura. La elección de pruebas depende de los hallazgos clínicos.
A qué especialista acudir y qué esperar
La evaluación suele realizarla un traumatólogo/ortopedista o un médico del deporte; los especialistas en rehabilitación y fisioterapia participan en el manejo conservador y la recuperación funcional. Si hay signos de urgencia, se recomienda valoración inmediata en urgencias para evitar complicaciones.
Prevención y consejos para reducir el riesgo
Reducir el riesgo incluye calentar adecuadamente, trabajar la fuerza y el equilibrio, mantener un peso corporal saludable y utilizar técnica y calzado adecuados en la práctica deportiva. Si ya ha tenido problemas de rodilla, consulte con un especialista para diseñar un programa preventivo personalizado.