Una herida supurante es aquella de la que sale líquido —seroso, purulento o con sangre— de forma continua o intermitente. Puede tener distintas causas; lo importante es vigilar la cantidad, el color, el olor y los signos locales o sistémicos, y consultar a un profesional si empeora o aparecen señales de alarma.
Cómo se manifiesta y qué observar
La supuración puede presentarse como líquido claro, amarillo-verdoso o con sangre. Observe la cantidad, si el olor es fétido, y si hay aumento de enrojecimiento, calor, hinchazón o dolor. Cambios rápidos en la apariencia o un drenaje persistente merecen evaluación médica.
Causas frecuentes y signos de infección
Entre las causas están infecciones locales, complicaciones de heridas crónicas, reacción a cuerpos extraños o problemas tras una cirugía. Indicadores de infección incluyen aumento del dolor, enrojecimiento que se extiende, calor local, secreción maloliente y síntomas generales como fiebre o escalofríos.
Cuidados iniciales y vigilancia en casa
Mantenga la herida limpia y cubierta con un apósito estéril; lávese las manos antes y después de manipularla. Cambie el vendaje si se humedece o se ensucia y anote diariamente la cantidad y características del exudado. Evite aplicar remedios caseros sin indicación profesional. Si nota empeoramiento, contacte con servicios sanitarios.
A qué especialista acudir
Dependiendo de la localización y la gravedad, puede valorar la herida Medicina de Familia, Dermatología, Enfermedades Infecciosas, Cirugía General o Cirugía Plástica. En la consulta el profesional decidirá si son necesarias pruebas adicionales como cultivo de la secreción o estudios de imagen.