Síntomas y evolución
La manifestación más frecuente es la tos, que puede ser seca o producir esputo. El color del esputo (claro, amarillento o verdoso) no determina por sí solo si hay infección bacteriana. Otros síntomas pueden incluir febrícula, dolor de garganta, sibilancias o sensación de opresión en el pecho y cansancio leve. Los síntomas suelen comenzar en pocos días; la tos normalmente mejora en 1–3 semanas, aunque en algunos casos puede prolongarse y exigir una nueva evaluación.
