Causas habituales
Entre las causas más frecuentes están las infecciones del tracto urinario (con presencia de leucocitos o pus), sangre en la orina, cristales o sedimentos minerales, deshidratación, efecto de ciertos alimentos o suplementos y contaminación a partir de secreciones genitales. También pueden intervenir cálculos renales y, en raros casos, procesos sistémicos que cambien la apariencia de la orina.