Desmayo (síncope)

El desmayo es una pérdida breve y reversible de la conciencia causada por una reducción temporal del flujo sanguíneo al cerebro. Aunque muchas veces se resuelve sin intervención, puede ser señal de una causa subyacente que requiere evaluación. A continuación se describen causas habituales, medidas de primeros auxilios y criterios para buscar atención médica.

Qué es el desmayo y cómo se clasifica

El desmayo (síncope) es la pérdida transitoria de la conciencia por disminución del riego cerebral. Las categorías más frecuentes son el síncope vasovagal o refleja, el síncope por hipotensión ortostática y el síncope de origen cardiaco. Otras condiciones neurológicas o metabólicas pueden provocar episodios que se asemejan al desmayo, por lo que la historia clínica y la exploración ayudan a diferenciar las causas.

Causas frecuentes y factores de riesgo

Entre los desencadenantes habituales figuran dolor intenso, estrés emocional, permanecer mucho tiempo de pie, cambios posturales bruscos, arritmias o enfermedad cardíaca estructural. También contribuyen la deshidratación, la anemia, la hipoglucemia y ciertos medicamentos. La edad, enfermedades crónicas y episodios previos de desmayo valoran el riesgo de recurrencia.

Primeros auxilios: qué hacer y qué evitar

Priorice la seguridad: coloque a la persona en posición supina, afloje prendas ajustadas y eleve las piernas para favorecer el flujo sanguíneo cerebral. Vigile la vía aérea y la respiración; si hay riesgo de vómito, coloque en posición lateral de seguridad. Si la persona no recupera la conciencia o deja de respirar, solicite asistencia de emergencia. Evite sacudir con fuerza, verter agua fría a presión o administrar medicamentos por cuenta propia.

Cuándo buscar atención urgente y a qué especialista acudir

Busque atención inmediata si el desmayo se acompaña de dolor torácico, palpitaciones intensas, dificultad respiratoria, traumatismo craneal, pérdida de conciencia prolongada o signos neurológicos focales (por ejemplo debilidad en un lado o dificultad para hablar). Ante episodios repetidos, historia de enfermedad cardíaca o ausencia de un desencadenante claro, solicite evaluación. La primera valoración suele hacerla medicina de urgencias o atención primaria; según hallazgos puede remitirse a cardiología, neurología o medicina interna. Pruebas frecuentes: electrocardiograma, medición de la presión en decúbito y de pie, analítica básica, monitorización ambulatoria (Holter), ecocardiograma y, según el caso, pruebas adicionales como estudio de mesa basculante o neuroimagen.

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