Causas frecuentes y qué pueden indicar
Entre las causas más habituales figuran las infecciones por hongos (p. ej. Candida), alteraciones de la flora bacteriana vaginal, dermatitis de contacto o irritación por productos de higiene, infestaciones parasitarias (p. ej. ladillas) y cambios hormonales. Algunas infecciones de transmisión sexual también pueden causar prurito. La presencia simultánea de flujo anormal, olor, dolor o lesiones modifica la orientación diagnóstica.





