El ojo seco aparece cuando la película lagrimal no mantiene la superficie ocular suficientemente húmeda o su composición está alterada. Aquí se explican posibles causas, señales habituales, cómo puede afectar las actividades diarias y a qué especialista acudir. Esta información es de carácter general y no sustituye una consulta médica. Si nota dolor ocular muy intenso, pérdida repentina de visión o enrojecimiento marcado, acuda a urgencias o a un servicio sanitario lo antes posible.
Causas y factores de riesgo
Varios factores contribuyen al ojo seco: el envejecimiento, cambios hormonales, uso prolongado de pantallas, ambientes secos o ventosos, uso de lentes de contacto y exposición a humo o alérgenos. También pueden influir ciertos problemas sistémicos y algunos productos cosméticos. Hábitos como dormir poco o fumar empeoran los síntomas.
Síntomas habituales y efecto en la vida diaria
Los síntomas más frecuentes son sensación de ardor o picor, como de tener arena en el ojo, fatiga ocular, visión a veces borrosa y mayor sensibilidad a la luz. Estas molestias pueden dificultar leer, trabajar frente a la pantalla, conducir de noche o realizar tareas detalladas.
Diagnóstico y a qué especialista acudir
La evaluación suele realizarla un oftalmólogo mediante examen ocular y, cuando procede, pruebas para valorar la producción y la calidad de la lágrima y la superficie ocular. El médico de cabecera puede hacer una primera valoración y orientar la derivación. Si los síntomas empeoran de forma brusca, se recomienda atención urgente.
Medidas prácticas y consejos para el día a día
Para mejorar el confort pueden ayudar pausas frecuentes al usar pantallas, parpadear conscientemente, proteger los ojos del viento, mantener una humedad adecuada en interiores y evitar el humo del tabaco. La higiene palpebral básica y el ajuste de ambientes (menos aire directo de ventilación) pueden reducir las molestias.