El sangrado nasal (epistaxis) es habitual y suele originarse por la ruptura de pequeños vasos en el interior de la nariz. En esta página explicamos las causas más frecuentes, medidas sencillas para controlarlo, cuándo buscar atención de urgencias y cuándo consultar con Otorrinolaringología.
¿Qué es y cómo se produce?
El sangrado nasal aparece cuando se dañan los vasos sanguíneos de la mucosa nasal. Con frecuencia se debe a factores locales —como sequedad, traumatismos leves o infecciones de las vías respiratorias superiores—, aunque también influyen condiciones generales como hipertensión o problemas de coagulación. En jóvenes y mayores las causas predominantes pueden diferir; las hemorragias recurrentes requieren evaluación.
Primeros pasos para controlar el sangrado
Mantenga la calma y siéntese inclinado ligeramente hacia delante para evitar tragar sangre. Presione la parte blanda de la nariz con el pulgar y el índice durante varios minutos y respire por la boca. No eche la cabeza hacia atrás. Si la hemorragia no cede, es muy abundante o aparecen dificultades para respirar, desmayo o pulso rápido, solicite atención médica de urgencia.
Causas comunes y factores de riesgo
Entre las causas locales frecuentes están la sequedad ambiental, tocarse o hurgarse la nariz, lesiones, desviaciones del tabique y procesos inflamatorios. Entre los factores sistémicos que aumentan el riesgo figuran la hipertensión, el uso de anticoagulantes o trastornos de la coagulación y algunas enfermedades crónicas. Infecciones y alergias también pueden sensibilizar la mucosa nasal.
Prevención y a quién consultar
Para reducir episodios: mantenga humedad ambiental adecuada, evite hurgarse la nariz y use soluciones salinas si la mucosa está seca. Si las hemorragias son repetidas, abundantes o sin causa clara, consulte con un otorrinolaringólogo: el especialista valorará causas anatómicas o sistémicas y sugerirá pruebas y seguimientos. Tras golpes en la cabeza o traumatismos faciales, acuda a valoración urgente.