La intolerancia a la lactosa ocurre cuando el cuerpo no descompone completamente la lactosa, el azúcar presente en la leche y sus derivados, lo que puede provocar molestias digestivas tras su consumo. A continuación encontrará información sobre su naturaleza, cómo se evalúa y opciones prácticas para el día a día.
Qué es y por qué se produce
La lactosa se digiere mediante la enzima lactasa en el intestino delgado. Si la actividad de lactasa es baja, la lactosa alcanza el intestino grueso y fermenta por la flora intestinal, generando gases, hinchazón, dolor abdominal y diarrea en distintas combinaciones y grados. Existen formas que aparecen en la infancia y otras que se desarrollan en la edad adulta.
Síntomas y señales de alerta
Los síntomas habituales son dolor abdominal, calambres, hinchazón, flatulencias y heces sueltas tras consumir leche o productos lácteos. Si aparecen fiebre alta, sangre en las heces, vómitos persistentes, pérdida de peso rápida o signos de deshidratación, busque atención médica de urgencia. Para molestias crónicas que afectan la calidad de vida, consulte con su médico de familia o un especialista en aparato digestivo.
Cómo se diagnostica (información general)
El diagnóstico parte de la historia clínica y la relación entre los alimentos consumidos y los síntomas. Los profesionales pueden solicitar pruebas como el test del aliento (hidrógeno), pruebas de acidez en heces en lactantes o una pauta controlada de eliminación y reintroducción de lactosa. La elección de pruebas depende de la edad, la intensidad de los síntomas y la presencia de otros hallazgos.
Manejo en la vida diaria y consideraciones nutricionales
Muchas personas reducen los síntomas limitando alimentos con alto contenido en lactosa o eligiendo alternativas sin lactosa. Algunos productos fermentados se toleran mejor. Es importante garantizar la ingesta adecuada de calcio y vitamina D mediante alimentos alternativos o asesoría dietética. Registrar qué cantidades y productos causan molestias ayuda a ajustar la dieta sin eliminar nutrientes esenciales.
A qué especialista acudir
Su médico de familia puede realizar la primera valoración y, si es necesario, derivar a un gastroenterólogo o a pediatría en el caso de niños. Un dietista-nutricionista puede orientar cambios en la dieta y asegurar un aporte nutricional equilibrado.