La Gastritis es la inflamación de la mucosa que recubre el estómago. Puede aparecer de forma aguda o crónica y variar en intensidad. Las secciones siguientes ofrecen información general sobre posibles causas, síntomas habituales, cómo se puede investigar y en qué casos conviene buscar atención sanitaria con rapidez.
Definición y tipos de Gastritis
La Gastritis incluye un grupo de procesos inflamatorios de la mucosa gástrica. Puede presentarse como gastritis aguda, que aparece de forma brusca, o como gastritis crónica, que se prolonga o recurre a lo largo del tiempo. Existen subtipos según la causa y el patrón de lesión, que el especialista puede precisar tras pruebas adecuadas.
Causas y factores de riesgo
Entre las causas frecuentes figuran la infección por Helicobacter pylori, el uso prolongado de antiinflamatorios no esteroideos, consumo excesivo de alcohol y ciertas condiciones autoinmunes. El tabaquismo, la edad avanzada y algunas enfermedades crónicas también aumentan el riesgo. Algunas infecciones como H. pylori pueden transmitirse; por eso la higiene y el control sanitario son relevantes.
Síntomas habituales y señales de alerta
Los síntomas más comunes son molestia o dolor en la parte superior del abdomen, ardor estomacal, náuseas, falta de apetito o sensación de plenitud. Señales que sugieren evaluación urgente incluyen vómito con sangre, heces oscuras o alquitranadas, dolor abdominal intenso, mareo intenso o dificultad para respirar. En presencia de estos signos, es importante buscar atención médica de inmediato.
Cómo se investiga y a qué especialista acudir
El diagnóstico se inicia con la historia clínica y la exploración. Para confirmar la causa pueden solicitarse analíticas, pruebas de aliento o heces para Helicobacter pylori y, cuando sea necesario, una endoscopia digestiva alta con toma de biopsia. La valoración inicial suele hacerla Medicina de Familia o Medicina Interna; si procede, se deriva a Gastroenterología.
Prevención y medidas generales de estilo de vida
Medidas que pueden reducir el riesgo incluyen evitar el tabaquismo y el consumo excesivo de alcohol, limitar el uso innecesario de antiinflamatorios y llevar una alimentación equilibrada. Mantener buenas prácticas de higiene y revisar la necesidad de pruebas para H. pylori en personas con síntomas persistentes también puede ser útil. Estas recomendaciones son de carácter general; consulte a un profesional para orientación individual.