Infertilidad femenina

Se define por la ausencia de embarazo tras un año de relaciones regulares sin protección, o por abortos de repetición. Aquí encontrará información general sobre causas habituales, la evaluación inicial y a qué especialistas dirigirse para seguimiento y orientación.

Causas comunes y factores de riesgo

La infertilidad femenina puede deberse a alteraciones de la ovulación (por ejemplo, síndrome de ovario poliquístico o insuficiencia ovárica prematura), problemas en las trompas por infecciones o cirugías, alteraciones estructurales del útero (miomas, adherencias) y endometriosis. La edad materna avanzada es un factor importante. Estilos de vida como el tabaquismo, un peso muy alto o bajo y el consumo elevado de alcohol, además de enfermedades crónicas, también influyen. Es clave recordar que en muchos casos hay participación del factor masculino, por lo que la evaluación se realiza en pareja.

Evaluación inicial y pruebas habituales

La evaluación comienza con historia clínica detallada y examen físico: patrón de ciclos menstruales, antecedentes de infecciones o cirugías y datos de salud general. Entre las pruebas más usadas están la valoración de la ovulación, análisis hormonales (FSH, AMH, TSH, prolactina), ecografía transvaginal y pruebas de permeabilidad tubárica (histerosalpingografía o sonohisterografía). Según el caso pueden solicitarse laparoscopia diagnóstica. La analítica seminal del compañero suele formar parte de la primera línea de estudio.

Cuándo consultar y a qué especialistas acudir

Como pauta general, se recomienda valoración cuando no aparece embarazo tras un año de relaciones sin protección en menores de 35 años, y tras seis meses en mujeres de 35 o más. Si hay ciclos irregulares, abortos recurrentes o antecedentes ginecológicos relevantes, la consulta debe ser más temprana. Las especialidades implicadas suelen ser Ginecología/Obstetricia y Reproducción Endocrina e Infertilidad; cuando procede, se coordina con andrología o urología para la evaluación masculina.

Estilo de vida, apoyo y expectativas

Cambios en el estilo de vida pueden mejorar las probabilidades de concebir: dejar de fumar, mantener un peso saludable y reducir consumo excesivo de alcohol. El acompañamiento psicológico o la terapia de pareja pueden ayudar a manejar el impacto emocional. Las pruebas y los pasos a seguir dependen de los hallazgos y deben planificarse con un especialista; la respuesta y las opciones varían según la causa y la edad.

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