Las convulsiones febriles son episodios con movimientos involuntarios o cambios de comportamiento que ocurren durante fiebre en la infancia. Suelen aparecer entre los 6 meses y los 5 años. Esta página ofrece información general sobre qué son, cuándo requieren atención preferente y a qué especialistas pueden derivarse; para diagnóstico o pautas personalizadas consulte a un profesional sanitario.
¿Qué es y quiénes la padecen?
Una convulsión febril suele manifestarse como sacudidas musculares, pérdida de consciencia breve o alteraciones del tono/actividad durante un episodio febril. Son más frecuentes entre los 6 meses y los 5 años. En la mayoría de los niños el episodio es único y de corta duración, pero algunos pueden presentar convulsiones recurrentes o características más complejas.
Causas y factores de riesgo
La fiebre por infecciones (virales o bacterianas) actúa como desencadenante en niños susceptibles. Antecedentes familiares de convulsiones febriles, edad temprana del primer episodio o alteraciones del desarrollo neurológico aumentan el riesgo de recurrencia o de patrones atípicos. Un aumento rápido de la temperatura puede precipitar un episodio en algunos niños.
Cuándo buscar atención urgente
Solicite atención inmediata si el episodio dura más de unos minutos, el niño tiene dificultad para respirar, no recupera la conciencia tras el episodio, los episodios se repiten en cortos intervalos o aparecen otros signos graves (alteración marcada del estado general, rigidez persistente). En estas situaciones, acuda a urgencias o contacte con los servicios de emergencia según proceda.
Evaluación y qué especialista consultar
La primera valoración suele realizarla un pediatra o el servicio de urgencias: se busca la causa de la fiebre y se descartan complicaciones. Si el episodio presenta características inusuales, es el primero en un niño mayor de lo habitual, o hay recurrencia o preocupación por el desarrollo neurológico, puede derivarse a neurología pediátrica para una evaluación más completa y seguimiento.