La faringitis es la inflamación de los tejidos en la parte posterior de la garganta (faringe). Esta página ofrece orientación sobre causas habituales, signos y el proceso de evaluación clínica, así como sobre a qué especialista acudir. No sustituye una valoración médica personalizada. Si tiene dificultad para respirar, dolor intenso al tragar o fiebre muy alta, acuda a urgencias.
Causas y factores de riesgo
La faringitis suele deberse a infecciones virales (p. ej., resfriado o gripe) y, en menor medida, a bacterias. Otros factores que aumentan la probabilidad incluyen exposición al humo del tabaco, aire muy seco, alergias nasales, reflujo gastroesofágico y el uso excesivo de la voz. Un sistema inmunitario debilitado facilita la aparición de infecciones.
Síntomas y cómo distinguirlos
Los síntomas frecuentes son dolor de garganta, sensación de sequedad o irritación, molestias al tragar y fiebre leve; en ocasiones el dolor se irradia al oído. Si hay origen viral, pueden aparecer congestión nasal, estornudos o tos. La presentación bacteriana puede iniciarse de forma más brusca con fiebre más alta y dolor intenso, pero la distinción definitiva requiere evaluación clínica.
Diagnóstico y a qué profesional acudir
El diagnóstico comienza con la exploración física y la revisión de los síntomas. Según la sospecha, pueden realizarse pruebas como cultivo faríngeo o test rápido de antígeno para identificar el agente. La primera evaluación suele realizarla el médico de familia o el pediatra; si los episodios son recurrentes, graves o hay sospecha de complicaciones, se puede derivar a un otorrinolaringólogo.
Prevención y medidas en el día a día
Medidas prácticas para reducir el riesgo incluyen lavado de manos frecuente, evitar el contacto cercano con personas enfermas y no exponerse al humo de tabaco. Mantener el ambiente con humedad adecuada, beber líquidos y descansar pueden aliviar la sequedad y la irritación faríngea. Estas recomendaciones son informativas; consulte a un profesional si los síntomas persisten o empeoran.