Causas más habituales
La dificultad para tragar puede deberse a problemas neurológicos (por ejemplo ictus o enfermedades neurodegenerativas), alteraciones estructurales del esófago (estrecheces, tumores, secuelas de cirugía o radioterapia), trastornos de la motilidad esofágica, reflujo con lesión de la mucosa, infecciones o efectos secundarios de fármacos. En personas mayores también influyen la pérdida de fuerza muscular, problemas dentales o de la articulación temporomandibular.