La amigdalitis es la inflamación de las amígdalas y suele manifestarse con dolor de garganta, dificultad para tragar y fiebre. Puede originarse por virus o bacterias y variar en gravedad y duración. A continuación encontrará signos frecuentes, posibles causas y orientación sobre cuándo consultar a un profesional de la salud.
Qué es la amigdalitis y cómo progresa
La amigdalitis afecta al tejido de las amígdalas y puede presentarse de forma aguda o recurrente. En casos agudos los síntomas aparecen en días y suelen mejorar; en formas recurrentes o crónicas, las molestias regresan con frecuencia. Aunque es más común en niños, cualquier edad puede verse afectada.
Causas comunes y formas de contagio
Las causas más habituales son infecciones virales de las vías respiratorias altas y algunas bacterias, entre ellas estreptococos. La transmisión se da por gotas al toser o estornudar y por contacto con superficies contaminadas. Factores como fumar o tener el sistema inmune debilitado aumentan la probabilidad de infección.
Síntomas habituales y señales de alarma
Los síntomas típicos incluyen dolor de garganta, dificultad para tragar, fiebre, enrojecimiento o placas en las amígdalas y ganglios sensibles en el cuello. Señales que requieren atención urgente son: dificultad para respirar, incapacidad para beber líquidos por la gravedad del dolor, empeoramiento rápido con fiebre alta, excesiva salivación o alteración del estado de conciencia. En esos casos, acudir al servicio de urgencias es recomendable.
Diagnóstico y a qué especialista acudir
El diagnóstico suele comenzar con la evaluación clínica en atención primaria; el médico puede inspeccionar la garganta y solicitar pruebas de laboratorio si es necesario. Como primer paso, la Medicina de Familia es adecuada; según la evolución, se puede derivar a Otorrinolaringología (KBB) o a Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica para estudios más detallados o manejo de casos complejos.
Prevención y cuidados cotidianos
Para reducir el riesgo, mantenga buena higiene de manos, evite compartir utensilios con personas enfermas y limite la exposición al humo del tabaco. Mantener hábitos saludables que apoyen el sistema inmunitario y consultar a un profesional si los síntomas empeoran ayuda a un manejo más seguro.